La estructura de la piel

La piel es el órgano más grande y más pesado de nuestro cuerpo. En el adulto, mide unos 2 m² y pesa aproximadamente 5 kg. Esta envoltura protectora está estructurada en tres capas principales: la epidermis, la dermis y la hipodermis.

Modificado el 16/07/2012
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La epidermis


Capa más superficial de la piel, la epidermis es un auténtico escudo que protege nuestro organismo de las agresiones externas. Sin embargo, es muy delgada: según las zonas del cuerpo, su grosor varía de medio milímetro (por ejemplo, en los párpados) a 2 o 3 milímetros (en la planta de los pies o la palma de las manos). Irrigada por difusión desde la dermis, no contiene ningún vaso sanguíneo. Sin embargo, está constituida por numerosas terminaciones nerviosas que hacen que nuestra piel sea extremadamente sensible al tacto.

La epidermis está formada por varios cientos de poros por centímetro cuadrado, por los que circulan el sudor y el sebo. Estas dos sustancias se mezclan en la superficie para formar el manto hidrolipídico que hidrata y protege la piel de forma permanente.

El 85 % de la epidermis está compuesta por  queratinocitos. Estas células, rellenas de queratina y lípidos proceden  de lo más profundo de la epidermis, la "capa basal", gracias a sucesivas divisiones celulares. A continuación, experimentan un doble movimiento, se aplanan y van alcanzando poco a poco la zona más superficial de la epidermis. Una vez en la superficie, pierden su núcleo y mueren, formando la "capa córnea": un escudo semipermeable formado por queratinocitos degradados (los corneocitos) ligados mediante lípidos y complejos proteínicos similares a las grapas (los corneodesmosomas). Por último, se eliminan por descamación y son sustituidos por la siguiente generación de queratinocitos. De este modo, la epidermis se regenera de forma permanente: se renueva completamente cada 4 - 6 semanas.

El 15 % restante se reparte entre:
 
  • Los melanocitos: estas células tienen la función de sintetizar la melanina, pigmento natural responsable del color de nuestra piel y de ofrecer una cierta protección contra los rayos ultravioleta.
  • Las células de Langerhans: auténticos centinelas de la piel, estas células procedentes de la médula ósea detectan y capturan los cuerpos extraños que penetran en la epidermis (productos químicos, bacterias, virus, etc.).
  • Las células de Merkel: estas células sensoriales están implicadas en el sentido del tacto.

 

La dermis


Situada bajo la epidermis, la dermis es entre 10 y 40 veces más gruesa. Está irrigada por una gran cantidad de vasos sanguíneos que le permiten proporcionar a la epidermis los elementos nutritivos que necesita. Asimismo, contiene las glándulas sebáceas y las glándulas sudoríparas, que secretan el sebo y el sudor, así como los folículos pilosos.Las principales células de la dermis son los fibroblastos, que sintetizan dos tipos de fibras proteicas: el colágeno y la elastina. La elastina confiere a la dermis su carácter flexible y extensible, mientras que el colágeno le atribuye su resistencia y permite la cicatrización de los tejidos dañados en caso de lesiones en la piel.El espacio entre las células se denomina "matriz extracelular": colágeno y elastina se bañan en una gelatina compuesta por glúcidos complejos que retienen el agua (los glicosaminoglicanos), tales como el ácido hialurónico.Con el paso de los años, las fibras de colágeno y elastina comienzan a perder sus propiedades y se degradan, lo que conlleva una reducción de la firmeza de la piel y la aparición de arrugas.


La hipodermis


Capa más profunda y gruesa de la piel, la hipodermis está compuesta en su mayoría por células grasas, los adipocitos, que aíslan el organismo de las variaciones de temperatura y forman un colchón protector contra las presiones a las que está sometida la piel. Por lo tanto, es muy gruesa en las zonas que deben soportar impactos frecuentes (nalgas o talones), y mucho más fina en las demás zonas del cuerpo.

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