Los diferentes tipos de piel

Distinguimos principalmente tres tipos de pieles: pieles normales, pieles grasas y pieles secas. A lo largo de nuestra vida, cada uno de nosotros va pasando por estas diferentes categorías bajo la influencia de varios factores tales como la edad, el clima, las hormonas, la alimentación, el modo de vida, etc.

Modificado el 16/07/2012

La piel normal


Suave y sedosa al tacto, la piel normal no es ni demasiado grasa, ni demasiado seca. Sus poros son pequeños y están apretados. Como está bien hidratada de forma natural, no secreta ni demasiado sebo, ni demasiado sudor y no brilla. Una piel normal es signo de un buen equilibrio hormonal y de un funcionamiento óptimo de las diferentes capas de la piel.


La piel grasa o mixta


De aspecto apagado, desigual y con brillos, la piel grasa es irregular y sus poros están dilatados. Por lo general, presenta comedones y granos. Gruesa y protegida por una película hidrolipídica abundante, es poco sensible a las agresiones externas y resiste mejor a los signos del envejecimiento.

La piel grasa está asociada a un desajuste de las glándulas sebáceas, que secretan sebo en exceso bajo el efecto de la testosterona (hormona masculina). Por lo tanto, la encontramos con mayor frecuencia en los adolescentes: en esta etapa de la vida, la producción de hormonas sexuales, entre ellas la testosterona, aumenta considerablemente tanto en los chicos como en las chicas. Además, las hormonas de crecimiento estimulan también la secreción de sebo y contribuyen al engrosamiento de la piel. Generalmente, los signos de las pieles grasas se atenúan con la edad.

Hablamos de piel mixta cuando estas características se encuentran solamente en la zona T del rostro: la barbilla, las aletas de la nariz y la frente. En este caso, las mejillas pueden ser normales o secas.


La piel seca


Apagada y áspera al tacto, la piel seca presenta poros muy apretados, casi invisibles a simple vista. Carece de elasticidad y tersura, lo cual puede hacer que las arrugas sean más aparentes y, generalmente, presenta sensaciones de inconfort: tira, pica y suele presentar rojeces, herpes o escamas. Es frágil, por lo que reacciona intensamente a las agresiones externas (frío, calor, viento, arañazos, etc.).

La sequedad de la piel puede ser debida a  tres causas:
  • una alteración del manto hidrolipídico debido a la falta de lípidos;
  • una falta de agua en la epidermis;
  • un trastorno de la descamación: cuando las células muertas de la capa córnea se eliminan mal, la piel adquiere un aspecto seco y rugoso.

Algunos tipos de piel presentan mayor predisposición a la sequedad: por ejemplo, las pieles finas y pálidas, o incluso las pieles maduras, dado que la actividad de las glándulas sebáceas se ralentiza con el tiempo y la dermis retiene peor el agua. No obstante, todas las pieles pueden experimentar una sequedad transitoria debido a factores externos: el frío, el viento, el aire acondicionado, la disminución de la humedad ambiente seco de los interiores calientes, los baños calientes o los productos cosméticos demasiado agresivos, que pueden resecar la epidermis.

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