¿Qué es el acné?

Afección inflamatoria de las glándulas sebáceas, el acné se manifiesta por la aparición de comedones y granos rojos o blancos en el pecho, la espalda y, especialmente, en el rostro. Los trastornos hormonales son los causantes de este desajuste que afecta a la mayoría de los adolescentes, pero también a muchas mujeres adultas.

Modificado el 16/07/2012

Un desajuste de las glándulas sebácea


Cada poro de nuestra piel está formado por un pelo y una glándula sebácea. En condiciones normales, ésta secreta sebo, una sustancia grasa que ayuda a proteger la piel de la deshidratación y de las agresiones externas mediante una delgada película lipídica.

Pero en caso de aumento de la testosterona en el organismo (por ejemplo, durante la pubertad en los chicos y las chicas) o de hipersensibilidad a esta hormona, la producción de sebo se vuelve excesiva, las glándulas sebáceas se hipertrofian y los poros se dilatan: entonces hablamos de hiperseborrea.

Cuando es secretado en exceso, la naturaleza del sebo también cambia: cuando tiene más concentración de escualenos y cera, se vuelve irritante, comedogénico y proinflamatorio. Este sebo modificado se extiende por la piel, que se vuelve grasa y brillante, especialmente en las zonas con abundantes glándulas sebáceas: la nariz, la frente, la barbilla, así como el escote, la parte superior de la espalda y los brazos, comenzando a desarrollar una inflamación invisible.


La formación de comedones


De forma paralela, el proceso de renovación de las células de la piel se ve afectado. Se acumulan células muertas en el canal folicular que comunica la glándula sebácea con la piel, el cual se va obstruyendo poco a poco: se trata de la hiperqueratinización. Atrapado, el sebo se acumula y forma un tapón que se manifiesta por un relieve irregular y blanquecino a nivel de la piel, denominado comedón cerrado, microquiste o, más generalmente, punto blanco.


Del punto blanco al punto negro


A veces, el comedón experimenta una regresión natural. Pero, por lo general, prosigue su evolución: su volumen fuerza la acumulación de células muertas que tapona el poro y se encuentra en contacto con el aire, donde el sebo se oxida y se vuelve negro. El resultado es un punto negro o comedón abierto. Puntos blancos y puntos negros forman lo que denominamos "acné retencional".


Cuando los granos aparecen


Con el tiempo, la hiperseborrea favorece la multiplicación de una bacteria, Proponibacterium acnes, que encuentra en este medio graso y exento de oxígeno las condiciones ideales para su proliferación. El comedón se inflama entonces y se llena de pus. Los tejidos próximos resultan afectados, se inflaman y se vuelven rojos y  dolorosos. Aparece un grano rojo (pápula) o blanco (pústula o nódulo) y entonces hablamos de "acné inflamatorio". En más de la mitad de los casos, las pieles acnéicas presentan lesiones retencionales e inflamatorias al mismo tiempo.


La evolución del acné


Si no los tocamos, los granos inflamados experimentan una regresión espontánea en unos días. Por el contrario, si los presionamos, corremos el riesgo de explotar la glándula sebácea y extender ligeramente el pus y las bacterias por la epidermis y por la dermis, lo que conlleva una multiplicación y una agravación de las lesiones acnéicas, así como un riesgo de cicatrices.

El acné evoluciona por brotes, es decir, periodos de multiplicación de las lesiones suceden a periodos de mejoría del estado de la piel. Generalmente, desaparece espontáneamente hacia los 20 años. Sin embargo, puede persistir durante la edad adulta, especialmente en las mujeres: más del 40 % de ellas lo padecen aún después de los 25 años. En ese caso, la causa suele deberse a los trastornos hormonales.

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